Un viaje a la esencia de nuestros ibéricos en Cómetelo, Canal Sur
El Día del Libro siempre ha sido una fecha ligada a la cultura, a las historias y a la forma en la que entendemos el mundo. Este año, en Dehesa Monteros, hemos querido unir literatura y gastronomía en una misma experiencia.
Del 23 al 26 de abril, junto al restaurante Uskar, hemos impulsado una propuesta tan sencilla como reveladora, acudir con un libro en la mano y descubrir cómo una historia puede dialogar con un sabor.

Durante estos días, quienes visitan Uskar con un libro podrán disfrutar de una degustación de ibéricos Dehesa Monteros acompañada de una copa de vino de la bodega del restaurante de José Miguel Valdivieso. Pero hay un matiz que convierte esta iniciativa en algo único, el vino se selecciona en función de la temática del libro.
El sumiller Raúl García será el encargado de proponer un maridaje que conecta literatura y vino en un mismo lenguaje sensorial. Una forma distinta de entender la gastronomía, no solo como producto, sino como relato.
Como recoge Madrid Secreto, se trata de uno de los planes más singulares de la ciudad para celebrar el Día del Libro, precisamente por esa capacidad de convertir un gesto cotidiano —leer— en una experiencia compartida.

Esta iniciativa no es casual. En Dehesa Monteros entendemos el ibérico como algo que va más allá del producto.
Nuestra forma de criar —en libertad, en los montes adehesados de la Serranía de Ronda, con una premontanera de castaña que aporta un perfil organoléptico único— es, en sí misma, una historia que merece ser contada.
Esa misma visión dio lugar a ‘El sueño de la Serranía de Ronda’, un proyecto editorial que recoge el lado más humano, cultural y emocional de nuestro trabajo. Un libro que, al igual que esta iniciativa, busca poner en valor el ibérico como patrimonio cultural.

El restaurante Uskar representa una forma de entender la cocina muy alineada con nuestra filosofía. Respeto al producto, trazabilidad y una mirada contemporánea sobre la tradición.
Desde su origen como bar de barrio hasta su evolución como espacio gastronómico, su propuesta mantiene intacta una idea clave, dejar que el producto hable. Y es precisamente ahí donde nuestros ibéricos encuentran su lugar.

Esta colaboración es una declaración de intenciones. Porque igual que un libro necesita tiempo, contexto y cuidado para cobrar sentido, nuestros ibéricos nacen de un proceso lento, exigente y profundamente ligado al territorio.
Leer, degustar, compartir. Tres formas distintas de experimentar lo mismo, la búsqueda de la autenticidad. Si estos días pasas por Madrid, quizá solo necesites un libro para descubrir una nueva forma de saborear la cultura.